Soluciones espirituales de los problemas – Wayne Dyer.

No hay nada malo en la creación de Dios.
El misterio y el sufrimiento sólo existen en la mente.
RAMANA MAHARISHI

La solución al problema del día es el despertar
de la conciencia de la humanidad a la divinidad
que hay dentro.
HAZRAT INAYAT JAN

¿PUEDES HACER CRECER UNA FLOR? Probablemente en un primer momento tu respuesta sea: «Es muy sencillo. Plantas una semilla, le proporcionas luz y agua y, con el tiempo, aparecerá la flor. ¡La prueba es que en estos momentos están brotando millones de flores!».

Es cierto, sin duda. Sin embargo, te invito a que vuelvas a leer la pregunta y pienses quién o qué genera la vida que hace crecer la flor, porque es en ese quién o ese qué donde podemos encontrar la fuente de la solución a todos nuestros problemas.

¿Quién o qué hace que la semilla de la flor se transforme en un capullo y que el diminuto embrión se convierta en un ser humano? ¿Quién o qué hace que nuestras uñas crezcan y nuestro corazón palpite incluso cuando dormimos? ¿Quién o qué está detrás del movimiento de los vientos, que sentimos pero nunca tocamos? ¿Qué fuerza mantiene los planetas en su lugar e impulsa a nuestro mundo a una velocidad vertiginosa? El hombre se ha planteado estas preguntas desde que tuvo capacidad para pensar en su existencia.

Espíritu es la palabra que yo utilizo para referirme a la energía informe e invisible que constituye el origen y el sustento de la vida en este planeta. Esta fuerza, sea cual fuere el nombre que le demos, puede resolver todos los problemas con que tropezamos. Existe una solución espiritual para cada problema; sólo tenemos que aprender a acceder a ella. En este libro explicaré las diferentes maneras que he descubierto de hacer esto. Empezaré por explicar los tres pasos básicos para encontrar tus soluciones espirituales a los problemas.

Conocí la existencia de estos pasos cuando me sumergí en el Yogasutra de Patanjali, escrito entre el siglo ív a.C. y el siglo IV d.C. Estas técnicas y disciplinas espirituales fueron escritas para que la persona alcance el conocimiento último de Dios y la unión con él.

Me referiré con frecuencia a esta colección de escritos y compartiré contigo la forma en que puedes aplicar este conocimiento a tu vida. Confío en que descubrirás por ti mismo que aquello a lo que llamas problemas tiene fácil solución, y que puedes acceder a ello ahora mismo, en este momento, en ese mundo al que llamamos espíritu.

PRIMER PASO PARA ACCEDER A LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL.

Reconocer: puede parecer evidente que hay que reconocer algo
antes de aplicarlo; pero, en realidad, es el paso más difícil
para alcanzar la iluminación espiritual.

Para reconocer que existe una fuerza invisible que puede emplearse para solucionar problemas hay que superar toda una serie de condicionamientos que nos han ido inculcando durante toda la vida. ¿Has pensado alguna vez en las limitaciones que experimentamos cuando nos identificamos sólo como un cuerpo físico de existencia material?.

Por ejemplo, ¿crees que para hacer frente a nuestros problemas sólo podemos remitirnos a nuestras facultades sensoriales o intelectuales? A la mayoría nos han enseñado que es así y que toda la información que hemos adquirido constituye el inventario total de las opciones de que disponemos. Esta actitud condicionada no reconoce nuestra conexión divina, que nos ofrece la posibilidad de encontrar una solución espiritual a los problemas.

En este estado de no reconocimiento, creemos que las medicinas, las hierbas, la cirugía y los médicos son responsables de to¬das las curaciones, o que mejorar el panorama financiero de uno supone exclusivamente que hay que trabajar mucho, estudiar, hacer entrevistas y enviar currículos. En esencia, este no reconocimiento nos lleva a creer que sólo conocemos los fenómenos que se pueden explicar a través de las funciones sensoriales.

Patanjali describió un tipo de conocimiento o poder al que no se accede únicamente a través del mundo material o sensorial. El primer paso para activarlo consiste en reconocer que este poder existe y que siempre está disponible. Sin embargo, no se accede a él sólo a través de las enseñanzas de otros, o a través de escritos antiguos, igual que no soñamos porque alguien enseña o escribe sobre los sueños. Reconocer, igual que soñar, es algo a lo que accederemos si nos comprometemos interior y exteriormente con nuestra capacidad de reconocer.

Por ejemplo, en este primer paso, cuando te encuentres ante un problema, te aconsejo que crees una afirmación personal como: «Puede que no sepa exactamente cómo encontrar la so¬lución espiritual, pero reconozco que existe». Reconociendo su existencia invitamos al poder a que sea conocido por nosotros.

Como seres físicos, podemos hacer crecer una flor en el sentido al que se alude en la respuesta a la pregunta de antes. Pero si pensamos un poco, nos damos cuenta de que somos incapaces de desentrañar el misterio de la fuerza invisible que da origen a la vida. Sin embargo, la solución a nuestros problemas está ahí, en ese mundo espiritual omnipresente, omnisciente y omnipotente. Esta fuerza espiritual está en todas partes, en todas las cosas y en cada uno de nosotros. Cuando damos el primer paso, reconocer, iniciamos el proceso de acceder a este poder que todo lo sabe.

SEGUNDO PASO PARA ACCEDER A LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL.

Percepción: descubrimos que el conocimiento alcanzado
por la percepción es de un orden mucho más elevado
que el razonamiento intelectual

No se trata de un ejercicio de razonamiento intelectual. En este paso vamos más allá del reconocimiento de una presencia espiritual y entramos en la fase de percepción, donde no se confía en nada más que la propia experiencia. Nos convertimos en exploradores de un territorio virgen en el que no puede haber nadie más que nosotros. Aquí, sólo tú puedes validar tu experiencia.

Nuestro deseo de percibir la presencia espiritual forma parte de la dinámica inexplicable que da origen a la vida. Cuando meditamos activamente sobre un ideal espiritual, o incluso sobre una personalidad dada, expresamos nuestro deseo invitando a que esa presencia sea accesible.

Sugiero que empieces este proceso de percepción visualizando la presencia que buscas. Crea en tu interior la imagen de tu persona recibiendo la orientación divina y borra todas las dudas que tengas sobre su validez. Sé consciente de que, cuando entras en ti mismo, no tienes que explicar o defender nada. Bastará con el deseo silencioso de percibir tu espíritu para que lo descubras. Descubrirás que tu imagen se disuelve y se convierte en la realidad de una presencia accesible dentro de ti. Esto es la percepción. Es una experiencia personal que va más allá de cualquier ejercicio intelectual.

Con la práctica y el deseo, mediante la sola meditación, podrás experimentar la presencia.
En ocasiones el intelecto persistirá, tratando de que tu experiencia encaje en la realidad del mundo material. Una manera de pensar en este proceso de acercarse a la percepción es imaginarse un imán. Imagina que tú eres el imán y atraes hacia ti todo lo que has reconocido como cierto. Luego, poco a poco, sé consciente de una fuerza magnética mayor, que te empuja hacia verdades más elevadas. El esfuerzo ya no es exclusivamente tuyo. Te encuentras en una especie de campo magnético metafísico, que te impulsa hacia tu percepción.

He experimentado personalmente esta percepción durante años. Cuando entro en un estado de meditación profunda, soy consciente de una fuerza que me impulsa hacia Dios. Las revelaciones que experimento en esos momentos me ayudan a renovar mi mente, ya que conecto con una energía que me impulsa hacia la solución de cualquier dificultad.

Por ejemplo, algo tan mundano como comprar una propiedad donde instalarme con mi esposa cuando nuestros hijos hayan abandonado el nido me causaba una gran inquietud. Entré en ese campo magnético invisible de energía y fui guiado hacia una solución. En el momento oportuno, un amigo me llamó y dijo una frase que me sacó del dilema. ¡Hecho! Esto es lo que yo llamo percepción en acción.

Todos podemos emplear esta percepción de la disponibilidad del espíritu para resolver problemas. Cuando aprendas a dar el primer paso, el reconocimiento de las soluciones espirituales, pasarás a un estado de percepción en el que experimentarás el poder. Te darás cuenta de que, con la energía espiritual que hay en ti, puedes controlar cualquier falta de armonía, discordia o enfermedad.

TERCER PASO PARA ACCEDER A LA DIRECCIÓN ESPIRITUAL.

Reverencia: comulgar serenamente con la fuerza espiritual
es nuestra manera de ser uno con ella

Algunas personas llegan enseguida al tercer paso, la reverencia, mientras que otras tardan mucho en llegar a ella. Comulgar serenamente con la fuerza espiritual y ser uno con ella significa que no hay sensación de separación. Somos conscientes de nuestra divinidad y comulgamos con esa parte de nosotros mismos. En otras palabras, nos vemos como una parte de Dios; nos hallamos en un estado de reverencia por todo lo que somos. No dudamos de nuestra divinidad. En ese estado, experimentamos plenamente esta cita de la Biblia: «Ese día, sabrás que soy en mi Padre, tú en Mí y Yo en ti» (Juan, 14:20).

Cuando buscamos una guía, comulgar serenamente con Dios es una manera de desconectar unos momentos nuestra mente del yo. En lugar de pensar en términos de «yo puedo arreglar esto», estamos dispuestos a sumergirnos en nuestro yo superior. Como una gota de agua separada de su fuente, la mente pequeña es incapaz de crear y mantener la vida. Cuando la gota se une al océano, comparte todos los poderes de su fuente. La gota de agua separada de su fuente simboliza nuestro yo cuando estamos separados de nuestra fuente de poder omnipotente.

Comulgar serenamente nos permite gozar de la experiencia de encontrar una solución espiritual a cada problema. Los problemas persisten cuando no los reconocemos, no los percibimos y, finalmente, no comulgamos serenamente con nuestro origen, nuestro poder, nuestro espíritu, Dios.

Pienso a menudo en Abraham Lincoln cuando veía a su amada Unión desmoronarse bajo el peso del odio que se apoderó de su país. Escribió: «Muchas veces me he hincado de rodillas con la abrumadora convicción de que no tenía a donde ir». «Hincarme de rodillas» es una manera de decir: «Me rindo a mi origen y entrego este enorme problema al mismo poder que mueve las estrellas». Tú puedes hacer lo mismo en momentos de dificultad. «Déjate ir y déjalo en manos de Dios.»

Cuando comulgues serenamente con el espíritu, sentirás la presencia de un compañero sagrado. Puedes entregar tus problemas a este compañero «de más edad» y pasar a un estado de paz. El santo indio Sri Ramakrishna utilizaba la siguiente parábola para enseñar a sus devotos cómo alcanzar el estado de unión di-recta con Dios:

Un discípulo se acercó una vez a un maestro para aprender a meditar. El maestro le dio instrucciones, pero el discípulo pronto volvió y dijo que no podía ponerlas en práctica. Cada vez que intentaba meditar, se encontraba pensando en su búfalo doméstico.

—Entonces —dijo el profesor—, medita sobre ese búfalo al que tienes tanto cariño.

El discípulo se encerró en una habitación y se concentró en el búfalo. Al cabo de unos días, el maestro llamó a su puerta y el discípulo contestó:

—Señor, lamento no poder salir a saludarle. Esta puerta es demasiado pequeña. Mis cuernos no pasarán.
Entonces el maestro sonrió y dijo:

—¡Espléndido! Te has identificado con el objeto de tu concentración. Ahora, concéntrate en Dios y no te costará conseguirlo.

El mensaje es claro. Sé uno con el espíritu y no dudes de tu divinidad ni la temas. Pasa de tu ego a tu yo superior. (No voy a explicar aquí el camino para trascender el ego. He dedicado un libro entero a este tema. El título es: Tus zonas sagradas, Grijalbo Mondadori, última edición, 2001).

Hay una solución espiritual para cada problema. Los tres pasos básicos para conectar con las soluciones espirituales de los problemas son: reconocimiento, percepción y reverencia.

El resto de este capítulo trata del significado que doy a las palabras clave del título de este libro. Creo que mi definición de las palabras «espiritual», «problema» y «solución» puede constituir la base de una manera única de aportar paz y satisfacción a tu vida cotidiana. También pretendo que, una vez que hayas interiorizado estos tres conceptos no vuelvas a sentir que te enfrentas a problemas insuperables. Con el tiempo, aprenderás que todo aquello a lo que llamamos «problema» se puede disolver saturándolo con la energía superior del espíritu.

Fuente: Libro “La fuerza del espíritu” de Wayne Dyer.