El discurso que nunca será olvidado ( Pepe Mujica – Río+20 ).

Finalmente un político refleja en su discurso el pensamiento de millones, la certeza de sabernos viviendo en un sistema ineficaz, mezquino y retrógrado que no nos conduce a ningún destino positivo. Este discurso de Pepe Mujica muestra lo que todos los ciudadanos quisiéramos ver en nuestros mandatarios.

Ni hoy ni nunca – Daniel Habif.

Los mejores marineros no fueron desarrollados con mares en calma, hacen falta las tempestades para que aflore el verdadero potencial del ser humano. Las adversidades son necesarias para autodescubrirnos y llegar a donde decimos que queremos llegar, lamentablemente muchos renuncian a sus sueños y claudican, arrojan la toalla, simplemente se dan por vencidos. Que esto no te suceda a ti, no claudiques, ni hoy ni nunca.

La gratitud.

Los problemas, la presión laboral, el tráfico, los resultados, la prisa, y el estrés forman parte de la cotidianidad de muchas personas, a tal grado que muchos llegan a enfermar y por ende no son felices; el día de hoy te presentamos este extraordinario video el cual, si te das la ENORME oportunidad de verlo, verás que hay más razones para ser feliz que para no serlo, hay muchas cosas hermosas que nos suceden todos los días y que por no detenernos un instante para establecernos en el AQUÍ Y AHORA no las podemos percibir, por favor disfruta de este extraordinario material.

Cuando nadie cree en ti.

Creer en ti es la única fórmula que funciona ante cualquier proyecto que tengas, hay quienes lucharán inagotablemente para verte fracasar, insistirán día tras día hasta que veas frustrados tus sueños, tratarán de convencerte de que lo que haces son puras idioteces, es posible incluso que te quedes completamente solo (a), únicamente tú y tus sueños, sin embargo ¿qué harás? ¿les darás la razón? ¿o seguirás persistiendo hasta lograr y descubrir tu grandeza?. Eso tu lo decides.

Hijos triunfadores.

Hace unos siglos un famoso pensador griego dijo: Lo único permanente es que vivimos un mundo de cambios.

¡Qué paradoja! ¿Verdad? El mundo que nos ha tocado vivir es uno en que todo cambia a una velocidad que difícilmente podemos alcanzar.

Las formas de comprar, producir, organizarnos para lograr el éxito, distribuir, promocionar y vender están cambiando permanentemente y cada vez a una velocidad mayor. Probablemente la respuesta principal a tanto cambio sea el impresionante avance de la tecnología, especialmente en dos actividades: la informática y las telecomunicaciones. Pero, ¿cómo preparar a nuestros hijos para que puedan ser mejores ciudadanos del mundo?

A continuación les resumo un mensaje que recibí ayer de un buen amigo.

Debemos preparar a nuestros hijos para el mundo del futuro, no el mundo de nuestros padres ni el nuestro. En este mundo actual lo determinante para triunfar será el carácter, no exactamente el conocimiento, como muchos pudiéramos creer. Tener temple, salir de fracasos adecuadamente, hacer de los fracasos un desafío y no una tragedia. Eso será lo que buscarán los seleccionadores de personal. Para los trabajadores independientes será un auto requisito.

Un hijo forjará su carácter si percibe claramente la autoridad de los padres. Con presencia de autoridad los niños y jóvenes a su vez actuarán con autoridad para resolver sus problemas. Actuarán con determinaciones. Sin esencia de autoridad nuestros hijos serán débiles de carácter y actuarán por impulsos con los consecuentes problemas de adaptación.

¿Exceso de autoridad? Siempre será mejor exceso que falta de autoridad. El límite de autoridad lo pone la siguiente regla: “La autoridad no debe humillar”.

Básicamente lo que es el niño o el joven hoy, será el adulto del mañana. De vez en cuando hay que mirar al hijo como un adulto potencial.

¿Queremos que nuestros hijos no sufran? Entonces hay que prepararlos para sufrir. No podemos estarle evitando todo el tiempo todo posible sufrimiento. Si no, ¿cuándo aprenderá?

Debe comprender la muerte, los problemas de la vida, los problemas en el trato de sus congéneres. No debemos resolverles todos los problemas, hay que ayudarlos a que poco a poco los resuelvan ellos mismos. Nadie logra metas exitosas y duraderas sin un poco de sufrimiento. ¿Alguien imagina a un campeón de atletismo que no sufra para lograr sus marcas? Eso se aplica a todo tipo de campeón y a todo tipo de actividad. Siempre hay que pensar que, en parte, no queremos que ellos sufran para no sufrir nosotros, pero les hacemos un daño con miras al futuro.

Hay que enseñarles a hacer ESFUERZOS SUPLEMENTARIOS. Que sepan que siempre se puede un poquito más. Recuerda que nadie recoge su cosecha sin sembrar muchas semillas y abonar mucha tierra.

Es muy importante enseñarles a carecer, es decir, a “sentir la falta de” y arreglárselas por sí mismos. Hay chicos que no juegan su deporte si no tienen tenis de “marca”. Si no aprendes a carecer no aprendes a arreglártelas. Aunque tengamos para darles el 100 por ciento, los chicos deben saber el valor de las cosas. Si no lo hacen de chicos, les será muy difícil de adultos y allí sí que van a sufrir y nosotros también con ellos. ¿Cómo les enseñamos a carecer?

¡Dándoles un poquito menos de lo que necesitan! ¡No hay otra manera! Si no ¿cómo sienten la falta de? Así aprenden a apreciar lo que tienen. Aprenden a no ser ingratos. Aprenden a gozar de la vida porque muchas veces se goza en las cosas sencillas. Aprenden a no ser quejosos.

Una excelente escuela para aprender a carecer (sin morir en el intento) es la mesa del hogar, la comida. ¿Qué debemos darles de comer? ¡Lo que nosotros decidamos que es bueno para ellos! No es sólo por su bien estomacal, sino que es una excelente forma de que aprendan a carecer, que no sean ingratos, que no sean quejosos: “Mami… no me gustan las lentejas”. Si quieren hacerles un bien para la vida, denles las lentejas. Habrá berrinches, no se exalten, autoridad no es gritar. Que no coma si no quiere, pero cuando le vuelva el hambre: ¡SORPRESA! … ¡Las lentejas del refrigerador recalentadas!

Parece increíble, pero si no hacemos este tipo de cosas no se podrá adaptar. La comida es una buena escuela del carecer, pues así no serán quisquillosos en sus relaciones sociales, en el trabajo y en el mundo real.

También hay que educarlos en el servicio. Una familia normal es un equipo de trabajo con pocas tareas: tender la cama, limpiar los cuartos, lavar los platos, pintar la casa, etc. Hay que educarlos para que realicen labores de hogar, aunque lo hagan mal al principio.

Si no hacen este tipo de servicios luego tendrán problemas. Las escuelas más importantes de liderazgo del mundo enseñan a los jóvenes a carecer, para que sepan y entiendan el mundo y lo puedan liderar.

¿Mesadas, domingos o gastadas? Que sean una cantidad fija, más bien, semanales y algo menos de lo que creen que necesitan. Así aprenden a administrar el dinero. Claro que se deben aceptar excepciones, pero conversadas serenamente.

Construyamos hijos luchadores, no debiluchos sobreprotegidos. Que se superen a sí mismos. Que tomen los problemas como desafíos para mejorar. Recuerden que nadie alcanza altura con un solo vuelo.

También hay que ilusionarlos con ideales, metas futuras, sueños para que sean buenos de corazón. Importante también es estar convencidos de que triunfador no equivale a tener “dinero o propiedades”, triunfadores son aquellos que son felices con lo que hacen, con su vida. Solamente así podrán hacer felices a otros.

Los hijos con carácter templado, conocimiento del carecer, educados en el servicio y plenos de amor e ilusiones serán hijos triunfadores.

Los padres tenemos la gran responsabilidad de criar hijos que transformen nuestro país, en uno donde reine la libertad, la abundancia, la justicia y sobre todo la felicidad.

El planeta Tierra eres tú – Carlos Chavira.

Definitivamente, los humanos no sabemos lo que tenemos, habría mucho más por disfrutar siempre y cuando respetáramos nuestro hermoso planeta y a las criaturas con las que co-existimos en él, este video es una producción Carlos Chavira y está de primer nivel, que tiene como finalidad la conscientización plena de que a partir de hoy podemos empezar a enmendar nuestros errores, construyendo un mundo mejor.